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Arte Vidrio

Artículo publicado en REVISTA CAPITAL, Octubre de 2008

Después de trabajar en hotelería por mucho tiempo optó por renunciar al cheque mensual. Jorge Sandoval, tiene en su casa un pequeño taller donde trabaja el vidrio, le da color, vida y no se limita a experimentar con nuevas formas, sino que juega y crea con su mejor aliado, el vidrio.

“Soy un atrevido, un osado que soltó el cheque”, comenta a tiempo que agrega que no es fácil ser artista en nuestro país pero que gracias al apoyo que le brindó Kata, su esposa, y el esfuerzo conjunto han podido salir adelante.

Hace cinco años tomó la gran decisión, trabaja en su hogar y está seguro que es una de las mejores opciones que ha tomado en su vida: “no vivo estresado, estoy reinventando nuevas cosas cada día y la posibilidad de compartir con mi familia, de jugar, de conocer, de aprender juntos, es única”.

Jorge no está un minuto quieto, recorre con orgullo su taller que mantiene impecablemente ordenado; toca con delicadeza el vidrio, habla sobre las texturas, saca piezas terminadas, ojea algo en el horno y explica que lo suyo es la vitrofusión, una técnica que le permite explorar continuamente, probar cosas y elementos diferentes, lo que no hace de su trabajo una rutina.

Jorge explica que tiene que ser fiel, leal con sus principios y con lo que le gusta hacer pero además, tiene la responsabilidad de mantener a cuatro hijos, por eso cuando dejó la seguridad de un trabajo formal sabía que le tocaría luchar duro. No obstante, su esposa fue un pilar fundamental ya que fue a Kata a quien se le ocurrió ofrecer un servicio de lavandería que instaló en su casa, y con la que complementa la economía familiar.

Para comercializar su arte, Jorge tiene, en un centro comercial de la capital, una isla en la que vende sus ángeles, soles, platones, candelabros, floreros y más. Igualmente trabaja bajo pedido y distribuye a Fybeca sus trabajos.

La vitrofusión es la técnica de fundir y superponer uno o más vidrios utilizando un horno a altas temperaturas. Se pueden utilizar diversos pigmentos de colores, pinturas esmaltadas, vidrio molido, hilos de vidrio, metales y otros materiales a gusto del artista. Juan utiliza arena, hojas y otros elementos que le dan un valor adicional a la pieza que crea. Otra de las técnicas que utiliza es Tiffany, para ésta es “vital la precisión en el corte”. Una vez dibujado el diseño se van cortando las piezas de vidrio, luego se las pule, se les pone una cinta y se va formando la figura. Recientemente entregó una lámpara para mesa de villar con esta técnica.

Así como en el taller se desplaza de un lado a otro, Juan hace lo propio en su vida cotidiana ya que “vivir del arte es complicado y son pocas las personas que valoran el trabajo que implica el crear una pieza”. Esto no lo desmoraliza, por el contrario es un motivo más para esforzarse y abrir cuantas puertas le sean posibles.

Sus mejores mercados, fuera del quiteño, son Cuenca y Guayaquil donde asiste con regularidad a ferias en las que vende, promociona y comercializa sus piezas.

De sus cuatro hijos, Claudia es quien heredó su pasión y quién lo acompaña a las ferias, a comprar el material y experimenta junto a su padre en el taller. Claudia se ha especializado en joyería, a su corta edad, 10 años, es responsable de sus diseños y de la venta de sus propias creaciones. Jorge considera que en su pequeña hija “encontró a su alma gemela”.