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Financiamiento basado en regalías

La belleza del capital riesgo reside en que inversor y empresario están embarcados en la misma aventura y será de ambos el éxito o el fracaso de la compañía. Sólo si la empresa va bien obtendrán benficios, y si no, ambos perderán. En lo personal, soy un gran fan de esta “inversión igualitaria”, cuyo principio fundamental radica en que su socio subirá o se hundirá con usted.

En la práctica, sin embargo, siempre surgen complicaciones. Por una parte, los inversores en estado puro son difíciles de encontrar. Por la otra, en la actualidad no sólo es más costoso financiar a una empresa en crecimiento, sino que además el tiempo que ésta tardará en hacerse rentable será mayor. Para que los potenciales inversores coloquen su dinero en un determinado negocio es necesario que puedan prever una salida. Una simple operación matemática nos demuestra que si multiplicamos: grandes sumas de financiamiento x grandes riesgos x una larga espera = necesidad de un rendimiento extremo. Los inversores sólo se interesan en una empresa si ven que pueden ganar 10 veces más de lo que fue su inversión inicial. La ironía es que, especialmente cuando a una empresa le va bien, las cosas pueden salir mal. Imagine que un inversionista coloca 200.000 a cambio de 20% de las acciones de la compañía. Tras cinco años, y sobre la base del flujo de caja a futuro, el valor se ha incrementado a cuatro millones de dólares. ¿Cómo se supone que un empresario puede generar tal cantidad de efectivo? Sólo vendiendo la totalidad de la empresa.

Por otra parte, en los nuevos mercados emergentes, el problema es aún peor. En estos países, las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) rara vez se venden, y los mercados de capitales están tan poco desarrollados que a los empresarios les resulta casi imposible recuperar sus acciones. Lo que a menudo sucede es que el empresario al final no paga, lo cual, dicho sea de paso, también ocurre en los mercados desarrollados. Ir a juicio es una pérdida de tiempo, pues los jueces no comprenden el significado de capital riesgo, así que se conformarán con recalcular los beneficios sobre intereses y dejarán al inversionista como un usurero. Por si todo esto fuera poco, el concepto de “beneficios” no siempre está del todo claro. En muchos mercados emergentes las autoridades fiscales no encarnan precisamente a los mejores amigos de los pequeños empresarios, y son las grandes firmas con buenos contactos las que no pagan casi impuestos, por no decir que no pagan ninguno. Esta es la razón por la cual las autoridades fiscales se ceban en las PYMEs y tratan de exprimirlas hasta la última gota. Así, el inversor que hace las mismas preguntas que un inspector fiscal se enfrenta a un serio problema: en estos países los empresarios están acostumbrados a evitar este tipo de interrogatorios y desconfían de aquellos que indagan acerca de la rentabilidad de su negocio.

Existen muchas formas de abordar los problemas que hemos mencionado con anterioridad. Una de las fórmulas más frecuentes es la de los créditos subordinados. Imagine que un empresario necesita 200.000. Los inversionistas colocan 10.000 en acciones y, de esta forma, obtienen su “participación” en la empresa (digamos que 30%). El resto del financiamiento puede variar entre 100.000 y 300.000 , y no requiere que se haga un ajuste del porcentaje de acciones. Los fondos se otorgan sobre la base de las necesidades que se presenten y se pagan dependiendo de la situación de flujo de caja. Por otra parte, el interés de los créditos subordinados es sólo un poco superior al de cualquier crédito normal obtenido en una entidad bancaria. Si a la empresa le va bien, el inversionista recupera la mayor parte de su inversión, y de esta forma deja de estar “expuesto”. Sin embargo, tendrá que tener un poco más de paciencia y esperar hasta que llegue “el gran golpe”, aunque por lo general esto no suele ser un problema. No obstante, en el caso de los nuevos mercados emergentes este planteamiento no suele ser lo suficientemente bueno. En estos países se deben evitar, en la medida de lo posible, tanto los repartos de beneficios como las salidas. El método de financiamiento que se utiliza en estas naciones es el llamado “financiamiento basado en regalías”. He aquí una descripción general del planteamiento:
• Imagine que un empresario necesita recaudar 200.000 y ofrece 30% de su capital accionario.
• El capital se acepta de inmediato: 30% de las acciones por 10.000, con el acuerdo de que el empresario podrá recomprar sus acciones en cualquier momento a un precio tres veces superior a su valor, es decir 30.000.
• El resto del dinero está disponible en forma de crédito subordinado a un interés “blando” (interbancario o preferencial). Este crédito ha de pagarse en cinco años y se le otorga un período de gracia de un año.
• Para que el inversor obtenga su beneficio, el empresario pagará una pequeña regalía, que el inversor fijará sobre las ventas o sobre las ventas a futuro. Este porcentaje por lo general se sitúa entre el 0,5% y el 2%, dependiendo del tipo de negocios.
• Los pagos de regalías se mantienen hasta que los créditos sean abonados en su totalidad y las acciones recompradas. El empresario sólo podrá recomprar sus acciones cuando haya pagado el total de los créditos y las obligaciones por regalías hayan sido canceladas.

Por ejemplo:
El siguiente ejemplo es el de una empresa que adquiere un préstamo por 200.000 a una tasa de interés del 5% y con una regalía de 1%. En este caso, para el inversor la Tasa Interna de Retorno (TIR) sobre préstamo y capital es de 6% y la TIR sobre el financiamiento total es de 12%. El pago de regalías ascenderá a 30.000 en un plazo de seis años, lo que equivale al monto total necesario para la recompra de las acciones en manos del inversor.

Ventajas del sistema de financiamiento basado en regalías

La ventaja de este sistema de regalías es que el retorno de la inversión se extiende durante todo el plazo del financiamiento. Desde el principio se abona una pequeña cantidad, y el monto de los pagos se incrementa en la medida en que pasa el tiempo. En definitiva, para el empresario es más barato pagar al inversionista y cancelar el crédito que seguir pagando regalías.

En pocas palabras:
• El empresario se ve obligado a hacer pagos regulares
• Los pagos se incrementan en la medida en que se incrementan las ventas
• Para el inversor, la salida es mucho más sencilla
• La supervisión es más fácil
• Se evitan las diferencias de opinión
• Los empresarios pueden recuperar el control de su empresa sin demasiados inconvenientes
• Para el inversionista es más sencillo calcular el flujo de caja por adelantado
• No se necesita vender la empresa para obtener beneficios
• Si la empresa se vende, el inversor obtiene un porcentaje de las ganancias
• Para ambos, inversor y empresario, es más fácil mantener su “amistad”
• Para el inversor, la probabilidad de “ganar” aumenta sustancialmente
• Se evitan problemas al calcular los beneficios
• Se previene la necesidad de calcular el valor de la compañía con miras a una posible salida
• Se previenen los problemas que puedan surgir para financiar la recompra de acciones por parte del empresario.
• Se reduce el riesgo de la inversión
• Se previenen, en la medida de lo posible, los ajustes en el reparto de acciones.

En definitiva, el sistema de financiamiento basado en regalías tiene tantas ventajas sobre la inversión “igualitaria” que, sobre todo en los nuevos mercados emergentes, queda de manifiesto que sus beneficios son muchísimos más que sus inconvenientes, con la advertencia, claro está, de que los inversores deben mostrar cierto comedimiento a la hora de fijar el porcentaje de regalías.

Traducción: Francesca Cordido