TESTIMONIOS DE EMPRENDEDORES
Cerca de San Valentin Diario EL COMERCIO nos relata las historias de hombres y mujeres emprendedoras cuyo trabajo da felicidad a los demás.
SAN VALENTÍN: LOS ARTESANOS SE PREPARAN
Un ejército de artesanos alista en Quito regalos novedosos para enviar a los enamorados y amigos el próximo jueves. Son talleres familiares.
Paulina Herrera es consciente de la felicidad que puede causar un detalle como un desayuno al despertar, un ramo de orquídeas, un arreglo de frutas o chocolates... Por ello, cuida con minucia los arreglos que monta en su negocio, antes de despachados.
Su casa E3-45 en la calle Capitán Ramón Borja y Av. 10 de Agosto, al norte, se convirtió en un taller. Allí, desde hace un año, la pedagoga de la Universidad Católica prepara desayunos bajo pedido de enamorados y amigos.
Como ella, familias y grupos de socios viven en Quito de la felicidad ajena. A las puertas de San Valentín sus talleres se llenan de trabajo. Herrera es la propietaria de desayunos Mulecca.
La quiteña empezó a los 18 años, cuando hacía y vendía velas para ayudar a su madre, tras la muerte de su padre. Después se dedicó a la burocracia trabajó 27 años en el Ministerio de Educación y renunció. Hace un año decidió preparar desayunos y repartirlos en su Nissan. Al principio ni su madre la apoyaba. “Me dijo que nunca me pagarían USD 25 por un desayuno. Pero cuando los vio me pidió que le envíe uno y me pagó”, cuenta y sumerge una fresa en chocolate rosa. “A mis arreglos les pongo amor, mis clientes lo sienten”.
A siete cuadras de su casa, en la capitán Ramón Borja y Moraima Carvajal, opera la microempresa de obsequios de Gisella Pérez. En el segundo piso del edificio de ladrillo N52-86 la relacionadora pública de la UTE prepara pasteles suizos de “mousse”, desayunos con sánduches y cestos con dulces o ropa para recién nacidos. “Cuando uno disfruta la vida puede dar felicidad a los demás”, dice la ambateña, de 33 años. Pérez trabajaba en una agencia de publicidad. Sus padres de opusieron a que renunciara. “No querían que deje su empleo porque tenía un sueldo fijo” señala María del Carmen Núñez, su madre “Pero aquí estoy para apoyarla”. Las dos han cursado pastelería y esperan un préstamo para abrir un local en La Kennedy.
Los obsequios de su negocio Sincerité se conocen en EE. UU. Perú y España, gracias al Internet. Desde que tiene un portal en la web, los emigrantes han buscado su servicio, con pedidos para sus seres queridos en Ecuador
Otra mujer apasionada por los detalles es Gisella Toledo, trabajó 27 años en el Banco de Guayaquil. “Me cansé de pasar 10 horas diarias encerrada. Cuando necesitaba comprar un regalo era un drama”, cuenta. Por eso creó su empresa Il Celestino, para facilitar esa tarea a los ejecutivos. El taller en la parte posterior de su casa, en Miravalle II, en la calle Francisco de Goya número 500. Allí prepara canastas para cualquier ocasión. La guayaquileña dice que en un día bueno reparte unas tres canastas.
A las socias de Mitra Arte en Fruta también les va bien. En su taller en la calle Suiza 227 y Eloy Alfaro dos teléfonos suenan al mismo tiempo. Cecilia Castro corre a contestarlos. La joven de 23 años cursó Publicidad y Diseño Gráfico en la Universidad San Francisco. Dice que es “pésima cocinera” pero no lo demuestra. Hace arreglos de frutas y chocolate, en formas de flores y corazones. Sus socias son las hermanas Verónica y Érika Monsalve. Las dos estudiaron diseño en Estados Unidos. “No nos preparamos para esto, pero tenemos la sutileza para crear regalos originales” sentencia Castro y pasa una bandeja de uvillas y kiwys con chocolate a Fernando Tévez. Antes él cocinaba crepas en Cumbayá. “Ahora las señoritas me enseñaron a preparar estas delicias”, dice y adorna un jardín de flores de piña, uvas y melón. “Estoy gordo porque no aguanto la tentación y me comía chocolate”, revela mientras los pedidos para San Valentín se acumulan en una cartelera en la pared.
Información publicada en Diario El Comercio, Domingo 10 de febrero de 2008, página 21
